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Capítulo XIV

Esa noche, en casa de Pet y Elena, se reunieron con sus respectivos padres para celebrar todos juntos la noticia. Después de la cena se sentaron a charlar un poco y, claro está, el tema de conversación no podía se otro.

– Pet, tú que estás ahí arriba, seguro que sabes mucho más sobre ese planeta. ¿Por qué no nos lo cuentas? –comenzó preguntando Andrew, el padre de Pet.
– Bueno, de momento no creas que hay mucho más que decir. Como habéis visto en las imágenes, está compuesto por agua en la mayoría de su superficie; pero también existen grandes placas continentales y multitud de islas donde poder establecernos. Se ve mucha vegetación, por lo que se supone que la tierra es fértil. Parece un planeta perfecto para formar una civilización tan grande o más que la que hubo en su día en el planeta Tierra.
– ¡Espero que no! –exclamó Elena–. No te olvides que uno de los mayores problemas que tuvo la Tierra fue su excesiva demografía.
– No seas agorera, hija –dio Roberto–; Pet lo único que ha querido decir es que es un buen planeta donde poder establecerse, ¿no es así?
– Pues claro –contestó Pet–. Algo habremos aprendido de nuestros antepasados como para no cometer de nuevo los mismos errores.
– Sí, nosotros quizás sí –continuó diciendo Elena–, lo que me preocupa son nuestras futuras generaciones. Con el tiempo todo se olvida y es fácil caer en los mismos fallos. La historia está repleta de ejemplos.
– Creo que te estás adelantando demasiado –intervino Sofía, la madre de Pet–. Puede que tengas razón, pero ahora mismo no es muy inteligente preocuparse por eso. Lo único que tenemos que hacer es, sencillamente, lo que está en nuestras manos, seguir educando a nuestros hijos tal como lo hemos hecho hasta ahora, procurando que no olviden su historia y que a su vez ellos, enseñen igual a los suyos. No sé hasta cuando podremos durar así, pero creo que es preferible afrontar el futuro de forma optimista.
– Sofía tiene razón, hija –repuso Roxi–; además no podemos pretender que la raza humana exista eternamente en un mundo perfecto; eso sería una utopía. Todo tiene un principio y un final, y el hombre algún día también encontrará su fin sin que ni tú ni nadie pueda remediarlo.
– Sí, puede que tengáis razón –respondió Elena–, sólo que no me gustaría que ese final se precipitara antes de tiempo. Si hubierais estudiado tanto como yo la historia de nuestros antepasados, no seríais tan optimistas.
– Creo que nos estamos poniendo demasiado trágicos –interrumpió Roberto de repente–. Cambiando de tema, Pet, ¿qué hay de esos animales que se ven?, ¿qué sabéis de ellos?
– Parecen manadas de herbívoros que están pastando, simplemente. Las imágenes son muy lejanas todavía y existe mucha nubosidad que no nos permite ver con más claridad –contestó Pet.
– Si existen herbívoros es lógico pensar que también haya carnívoros –dijo Sofía como pensando en voz alta.
– Cierto –continuó Pet–. Por eso antes de bajar ahí tomaremos todas las precauciones necesarias. Tenemos pensado dar las vueltas que hagan falta a ese planeta. Hasta que no lo conozcamos palmo a palmo, nadie pondrá un pie en él.
– No hace falta que lo jures –dijo Andrew–; conociendo a nuestro capitán es capaz de tenernos otros dos mil años dando vueltas antes de atreverse a bajar.
– Pues yo no dejo de pensar –continuó Sofía después de que todos dejaran de reír– en todas las similitudes que existen con el planeta Tierra. En un Universo tan infinito, ¿cómo es posible que hayamos dado con otro planeta tan parecido?
– A mi me ocurre también lo mismo –dijo Roberto–. Me da la impresión de que hemos vuelto otra vez donde mismo.
– Nosotros también lo hemos pensado más de una vez –volvió a responder Pet–; pero aunque las similitudes son muchas, hay que tener en cuenta las diferencias; y éstas son determinantes.
» Las placas continentales son totalmente distintas a las de la Tierra; su inclinación también varía un poco; la cantidad de agua es bastante mayor; su luna está más alejada que la de la Tierra. Además, si hubiéramos vuelto a la Tierra, ya habríamos visto algunos de los restos de nuestra civilización, tanto en la superficie del planeta como en su órbita; recordad que allí quedaron cientos de satélites artificiales en órbita y, aunque ha pasado mucho tiempo, no ha sido el suficiente como para que se hayan precipitado a la superficie o perdido en el espacio.

Hasta ahora, Eli se había mantenido muy callada y atenta a la conversación de sus padres y abuelos; aprovechando que todos se quedaron en silencio un momento, se decidió a intervenir.

– Papa, ¿y qué ocurriría si existiesen personas inteligentes como nosotros?, ¿podrían hacernos daño?
– Buena pregunta, cariño, pero creo que a eso puede contestar mejor tu madre. ¿Tú qué crees, Elena?
– Es poco probable que existan personas como nosotros, hija, sería demasiada casualidad. Pero si así fuera no tendrían por qué hacernos daño si nos presentamos amistosamente. En ese caso, lo más importante sería procurar que no se sintiesen amenazados.
– Toda la comunidad científica, desde los descubrimientos de Darwin, tiene la teoría –interrumpió Roberto– de que nuestra existencia no es más que el resultado de una serie complicada de accidentes aleatorios, y que si reiniciáramos el mundo cuatro mil millones de años atrás, no se llegaría a nada parecido.
– Una vez leí –intervino Roxi– que la vida es un acontecimiento extremadamente improbable que no volvería a ocurrir en mil millones de años sobre mil millones de planetas.
– Pues seguro que al que escribió eso le encantaría estar aquí ahora para comprobar que estaba equivocado –dijo Sofía.
– La verdad es que no es el único que pensaba así –repuso Pet–. Como ha dicho Roberto, esa era la idea que tenían la gran mayoría de científicos tanto en la Tierra como aquí en la nave.
» Para los biólogos sobre todo, nuestra búsqueda era algo así como un imposible. Este planeta supone el mayor descubrimiento de la historia en muchos siglos o milenios, diría yo. Os puedo asegurar que todos ellos están deseando bajar ahí para poder hacer montones de comprobaciones y experimentos.
– Pues claro, yo mismo –intervino Roberto –. Tened en cuenta que después de miles de años intentándolo, nadie ha sido capaz de reproducir artificialmente las complejas macromoléculas de la vida a partir de los materiales inorgánicos que la componen.
» Alguien comparó una vez la probabilidad de la formación de la primera molécula de ADN o ARN mediante una combinación molecular aleatoria, con la inverosimilitud de que al pasar por un desguase de aviones un tornado, dejase tras de sí un Jumbo perfectamente montado.
– ¿Qué es un Jumbo, abuelo? –preguntó Eli.
– Un avión de pasajeros construido en el siglo XX, querida –contestó éste–. Hasta ahora sólo conocíamos un modelo celular, el de la Tierra; y eso hacía que se plantearan muchos interrogantes que no podían responderse. Este descubrimiento supone una oportunidad única para responder todas esas preguntas sobre el origen de la vida.
– Y digo yo –en esta ocasión fue Andrew el que intervino–, si ya hay vida en ese planeta como sabemos, y las leyes de la naturaleza son universales, o sea que se cumplen en todos los lugares del Universo y en todos los tiempos, será sólo cuestión de tiempo que aparezca una forma de vida inteligente y que desarrolle una tecnología basada en estas leyes, construyendo herramientas parecidas a las que hemos construido nosotros, ¿no es así?
– Puede ser –contestó Elena–, pero para eso se necesitarían millones de años de evolución y no sabemos todavía el nivel evolutivo de las especies que habitan en ese planeta. Además tendrán que darse muchas casualidades para encontrar ahí algo parecido a nosotros o a algo que conozcamos.
– Tengo que reconocer que a mí me da un poco de miedo todo esto –dijo Sofía–. Por lo que estáis diciendo, en ese planeta podría haber montones de especies totalmente desconocidas para nosotros y, además, también nosotros seremos desconocidos para ellos, ¿no creéis que puede ser peligroso adentrarse en un mundo tan desconocido y distinto al nuestro?
– No tenemos por qué temer nada, mama –contestó Pet–. Ya he dicho que antes de bajar, estudiaremos el planeta palmo a palmo. Incluso estamos preparando varios robots que lanzaremos con sondas en varios puntos distintos para tomar datos in situ. Disponemos de la tecnología necesaria para conocer ese planeta mejor que a esta nave. Os puedo asegurar que no habrá sorpresas.
– Siempre hay sorpresas –repuso Roxi pensativa.

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