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Capítulo XV

Dos meses y medio después, la Parinirvana alcanzaba la órbita del planeta desconocido. Para entonces ya se habían tomado muchas imágenes de él y se conocían una gran cantidad de datos. Se había trazado un perfecto plano geográfico de su superficie; se sabía la profundidad de sus océanos, la altura de sus cordilleras, la temperatura que reinaba en cada punto del planeta, la composición de su atmósfera, etcétera.
Pero era ahora cuando comenzaba la verdadera labor de investigación. Como había dicho Pet, se lanzaron cuatro robots en distintos puntos de su superficie, uno de ello submarino, y no tardaron en empezar a enviar datos de todo tipo, atmosféricos, medio ambientales, minerales, biológicos, etcétera. No pasaba un solo día sin que se supiese algo nuevo, y con cada dato que se obtenía, la tripulación de la Parinirvana se mostraba más y más sorprendida. El parecido con la antigua Tierra era increíble; su composición mineral y atmosférica eran prácticamente idénticas. Incluso se habían encontrado especies vegetales que todos conocían, y el resto presentaban similitudes con otras especies que habían crecido en la Tierra.
Con los animales pasaba lo mismo; habían conseguido imágenes de miles de especies distintas, la mayoría insectos y pequeños roedores, y al igual que con las plantas, el parecido con los de la Tierra era extraordinario. Existían pequeñas diferencias, sobre todo en los animales mayores; conforme la escala evolutiva iba aumentando, las diferencias se hacían más notables, pero en líneas generales, se podía decir que las similitudes eran mayores que las diferencias. Prácticamente, cada especie estudiada, tanto animal como vegetal, podía ser comparada con otra que hubiese existido algún día en la Tierra.
Por supuesto que nadie en la nave había visto jamás animales salvajes y en libertad, ni los había conocido, ya que la mayoría de las especies, incluso se habían extinguido antes de la catástrofe del año dos mil cien de la era terrestre. Por aquel entonces sólo se conservaban algunos ejemplares vivos en zoológicos, pero era tan alto el coste que suponían por tener que recrear todo su hábitat artificialmente, que cada vez eran menos, y estaban condenados a su extinción total.
Los únicos animales salvajes que conocían en la Parinirvana eran los que habían visto en imágenes de archivo de la segunda mitad del siglo XX y primera del XXI, antes de que el cambio climático y la acción del hombre fueran acabando poco a poco con todos los parques naturales y bosques tropicales del planeta Tierra.
Por todo ello, la expectación en la nave era extraordinaria, nadie quería perderse ni un solo detalle de todas las imágenes que cada día se repetían por los monitores. Para la mayoría de los habitantes de la Parinirvana todo aquello era algo nuevo y maravilloso; sólo algunos de los científicos mostraban una preocupación cada vez mayor; ellos sabían que encontrar un planeta tan parecido al que abandonaron hace más de dos mil años era algo así como imposible. Pero sin embargo lo tenían ahí delante y tenían que rendirse ante la evidencia.
A estas alturas, todos se habían hecho a la idea de que ese planeta sería muy pronto su futuro hogar. Ese era el único tema del que se hablaba en la nave prácticamente, con lo que las labores rutinarias se habían descuidado; lo único que importaba era conocer el momento en que el capitán y el consejo de ancianos decidieran que se podía bajar.
En la escuela, las clases se hacían imposible, ya que a los chicos lo único que les interesaba era conocer nuevos detalles de ese planeta y del tipo de vida que les esperaba allá abajo. Elena quiso aprovechar esta excitación general para explicar a los jóvenes muchos de los aspectos que representaban la vida cotidiana de los antiguos habitantes de la Tierra, de modo que les sirviera como ejemplo de lo que debían, o más bien, no debían de hacer en cuanto se establecieran en esa nueva tierra.

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