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Capítulo XXVI

A la mañana siguiente, Elena se apresuró en ir a clase; estaba deseando proseguir el tema que dejó a medias el día anterior. Se encontraba muy motivada, ya que los alumnos habían respondido muy bien, parecía que había conectado con ellos justo en el término que ella deseaba.
Las malas noticias que le había hecho llegar Pet, tanto la posibilidad de utilizar el petróleo hallado o el aterrizar justo al lado del poblado indígena, no hacían más que confirmar sus peores temores; pero lejos de intranquilizarla lo que consiguieron fue motivarla aún más. Sabía que ahora más que nunca, el futuro de la especie en ese planeta podía estar en manos de esos jóvenes a los que ella enseñaba y de las convicciones y valores que consiguiera transmitirles.
Con esta reflexión entró Elena resuelta en el aula donde la esperaban ya sus alumnos ansiosos por comenzar la clase, con decenas de dudas y preguntas en sus cabezas.

– Vaya, por lo que veo –comenzó diciendo la profesora– ayer conseguí impresionaros un poco; me alegro porque hoy vengo dispuesta a quedarme el tiempo que haga falta para contestar todas vuestras preguntas, que espero que sean muchas.
– Ayer usted habló del deseo como si fuera una enfermedad o un veneno, fueron sus palabras –dijo un muchacho al que Elena señaló–. Pero yo no veo qué puede tener de malo el querer vivir bien y cómodamente. Si la vida nos ofrece esa posibilidad, ¿por qué no aceptarla?
– Veréis, es difícil haceros ver lo que quiero desde nuestra perspectiva. Aquí en la nave, tanto el deseo como el sufrimiento están muy limitados; somos muy afortunados por eso. Pero ese desconocimiento nuestro de esa faceta nueva de nuestra mente puede ser muy peligroso para aquellas personas que decidan bajar a ese planeta. Allí la situación cambiará radicalmente. Surgirán situaciones nuevas a las que no estamos acostumbrados y si no tenemos un control pleno de nuestras acciones y emociones, podemos caer en tentaciones muy peligrosas para todos nosotros, aunque a simple vista no nos lo parezca.
» Eso es lo que yo trato de evitar cuando os prevengo contra el deseo y el ego. La persona que sólo quiere tener placeres y se niega a aceptar el sufrimiento, desperdicia mucha energía resistiéndose a la vida y, al mismo tiempo, no la vive intensamente. Si intentamos evadir algunas formas de sufrimiento, caeremos en otras inevitablemente. Si nos metemos de lleno en la cultura del consumismo y abandonamos la búsqueda espiritual correremos el riesgo de contraer enfermedades tan comunes en el siglo XXI como desórdenes nerviosos, soledad, falta de finalidad, etcétera.
» Cuando estemos en ese planeta, nuestros problemas serán los problemas de todo el mundo, ambos brotan de las mismas raíces, y para solucionarlos debemos aceptar plenamente la realidad del sufrimiento, que nos golpeará continuamente, tanto física como emocional o mentalmente. Y, aunque os parezca extraño, sólo de esa manera obtendremos grandes recompensas, porque también el dolor tiene su lado positivo; gracias a él, el ser humano permanece en contacto íntimo con otras personas y con el resto del Universo. Lo mejor del ser humano, lo que de verdad hace grande a nuestra especie, sale a la luz gracias al sufrimiento.
Elena señaló a otra chica que tenía la mano alzada.
– También mencionó usted ayer, o al menos así lo entendí yo, que debemos reprimir nuestra imaginación y permanecer concentrados en lo que hacemos todo el tiempo. Yo creo que las ilusiones y las fantasías son buenas para afrontar el día a día con más alegría y entusiasmo, ¿por qué evitarlas?
– No todas las ilusiones son negativas, tienes razón –prosiguió Elena–. A lo que yo me refería ayer es a la capacidad que tenemos de ver la realidad de forma distorsionada y no como es realmente. La mayoría de las veces, esa ilusión es sutilmente deliberada; si no nos gustan las cosas como son, en vez de enfrentarnos a ellas, lo que hacemos es huir. Hay una teoría que, yo diría que se cumple en un noventa y nueve por ciento de las ocasiones, que dice que si una cosa va mal, siempre tiende a empeorar.
» ¿Qué quiere decir esto? Que un pequeño problema que surja hoy, si no lo solucionamos, se convertirá en un gran problema el día de mañana y su solución será mucho más costosa o, lo que es peor, no tendrá solución. Los problemas no se solucionan solos, hay que afrontarlos y cuanto antes mejor.
» Sin embargo, en muchas otras ocasiones, ese engaño o ilusión del que os hablaba antes, nos puede venir de fuera. Esto era algo muy habitual en la Tierra; os hablo de la manipulación que una persona o grupo en particular puede hacer de los demás para conseguir unos intereses determinados para ellos. Estos grupos los constituían, en la mayoría de los casos, los partidos políticos o las iglesias o, incluso, las grandes empresas de mercadotecnia y multinacionales, que conseguían con unos métodos muy estudiados y elaborados hacer que la sociedad tuviera una percepción de la realidad totalmente falsa y acorde a sus intereses particulares. Platón describe muy bien este fenómeno en el llamado mito de la caverna, incluido en su libro La República. Echadle un vistazo y comprenderéis mejor lo que trato de deciros.
» También es importante tener muy en cuenta la impermanencia de las cosas, la realidad del cambio. El Universo es dinámico y si queremos vivir en armonía con él, debemos aceptarlo tal como es en cada momento. Una persona sabia viaja con poco equipaje y, sobre todo, con la mente abierta en cualquier situación porque sabe que la realidad de mañana será muy diferente a la de hoy. Para ello hay que aprender el difícil arte del desapego, es decir, no apegarse a las personas o a las cosas, sino que llegado el momento, dejarlas ir y seguir con nuestras vidas.
– El apego está muy relacionado con el deseo, ¿no es así? –interrumpió un muchacho.
– Exactamente –continuó la profesora–. El deseo conduce al apego y, paradójicamente, cuando deseamos demasiado algo, nunca podremos alcanzarlo, ya que el espíritu está demasiado apegado a ese deseo, lo cual termina produciendo dolor y sufrimiento en el hombre. La sabiduría y un espíritu tranquilo hacen que las cosas nos lleguen por sí solas, por eso es necesaria la sabiduría en la vida práctica.
– ¿Cómo definiría usted la sabiduría? –preguntó una alumna.
– La sabiduría es aprender a no sufrir por un fracaso y a disminuir los deseos. Es dejar en libertad al tiempo y a la energía para que nos inculquen activamente cualidades morales como la paciencia, resolución, gentileza, la simpatía por los éxitos de los otros y la compasión por sus fracasos o sufrimientos.
» Si nos esforzamos en esta dirección, con paciencia, conseguiremos un total desapego del mundo y de nuestros propios progresos, llegando a una aceptación tan desapasionada de las vicisitudes de la vida que, incluso la muerte dejará de preocuparnos.
» Dejad que os cuente una historia que sirva de ejemplo: Una vez, un ejercito rebelde atacó una ciudad coreana. En esta ciudad había un templo budista, y todos los monjes huyeron cuando llegaron los soldados. Todos excepto el abad. El general rebelde entró en el templo con su espada en la mano y pavoneándose por su éxito, pero cuando vio al monje que no se había marchado ni parecía temerle, quedó atónito.
» – ¿No sabes –rugió– que estás viendo a un hombre que puede traspasarte con su espada sin un parpadeo?
» – ¡Y tú –replicó el abad– estás viendo a un hombre que puede ser traspasado por una espada sin un parpadeo!
» El general quedó desconcertado, le hizo una reverencia al monje en señal de respeto y se marchó.
Elena hizo una pausa de unos segundos y continuó hablando.
– La sabiduría puede ser un arma muy poderosa. El guerrero más valiente y hábil con su espada es aquel que no necesita desenvainarla para vencer a sus enemigos.
– ¿Y cómo puede ayudarnos la meditación a conseguir todos esos valores tan importantes? –quiso saber otra de las alumnas.
– Esos valores tan importantes como tú dices, no hay que conseguirlos de ninguna manera, ya los tenemos, sólo hay que dejarlos actuar con libertad.
» Los seres humanos somos esencialmente morales; nos hacemos inmorales cuando las condiciones sociales de nuestro entorno degeneran de tal manera que llegan a atrofiar el desarrollo adecuado de nuestra persona.
» En el planeta Tierra, la degeneración de las tradiciones religiosas y sus bases éticas desembocaron en códigos rígidos totalmente contrarios a la evolución y a la saludable autoexpresión, por eso, se puede decir, que la moralidad no estaba de moda en la sociedad. Lo realmente excitante era todo lo contrario, o sea, incumplir las normas establecidas, sobre todo las personas más jóvenes, a las que se les echaba la culpa de todo, cuando, en realidad, ellos eran víctimas de la sociedad creada por sus padres y abuelos.
» La meditación nos puede ayudar a poner en orden nuestras vidas, nos hace sentirnos mejor y ser más pacíficos y confiados, lo cual, repercute también en las personas que nos rodean. Es un proceso de doble dirección; no sólo conseguimos que las cosas nos vayan mejor a nosotros sino también a aquellos que conviven con nosotros.
» Para los más escépticos os diré que también en su día se hicieron cientos de experimentos sobre personas que practicaban la meditación, y se demostraron sus saludables efectos en todos los aspectos del ser humano, el físico, el intelectual y el moral; así que no tenéis excusa para no empezar a practicar a partir de hoy mismo.
– ¿Y no podría ser –dijo de repente un chico– que ocurra al revés? O sea, que las personas que meditan lo hacen porque ya tienen, prácticamente, esas mismas características físicas, intelectuales y morales y eso las conduce a actuar de la misma manera.
– Buena aclaración, sí señor. Es posible que así sea en personas intelectual y moralmente parecidas, pero con el físico no me vale. Y cuando digo físico me refiero también a la salud mental, no sólo corporal, os hablo por propia experiencia. Es difícil expresar con palabras las mejoras emocionales que se obtienen con la meditación, por eso os animo a que la practiquéis, para que podáis experimentarlo por vosotros mismos.
» Al principio os resultará difícil y molesto el simple hecho de estar sentados sin hacer nada, ni moverse; eso es porque estamos acostumbrados a dispersar nuestra energía en actividades que, la mayoría de las veces, no tienen finalidad ninguna. Muchas personas evitan de esta manera el enfrentarse con sus problemas.
» Al meditar, no sólo aprovechamos esta energía, sino que además nos forzamos a mirar hacía dentro de uno mismo, enfrentándonos cara a cara con los problemas de los que intentábamos huir. Esto hace que la meditación se convierta en una molestia dolorosa, ciertamente. Y es precisamente en este momento tan doloroso cuando nuestra determinación se pone a prueba; podemos elegir entre dejarlo y continuar con nuestra vida cómoda, fácil y vacía, o podemos embarcarnos en el camino de la liberación.
» Puede que también en este momento te des cuenta que tu vida te ha llevado hasta ahora a un callejón sin salida; entonces tu determinación por alcanzar tu naturaleza verdadera será tan fuerte como el esfuerzo que estés dispuesto a hacer. Si continuas la lucha evitando tentaciones de escape llegarás a un entendimiento profundo y adquirirás una calma y claridad cargadas de vitalidad.
» El motivo por el que la meditación se nos hace tan cuesta arriba lo tenemos en nuestro propio ego. Cada avance exige la muerte de nuestro antiguo yo y éste no se rendirá tan fácilmente, por el contrario, luchará con encarnizamiento; para vencerle debéis de tener una motivación muy fuerte. Pensad que sin dolor no hay recompensa.
» El Buda dijo que el dolor es una condición de la vida y que si intentamos evitarlo nos condenamos a una existencia superficial ya que el placer y el dolor son las dos caras de una misma moneda. El sufrimiento nos puede llegar en cualquier momento, con una enfermedad o con la vejez, separarnos de gente a la que amamos o estar con otras que nos desagradan; y si tan expuestos estamos a él, por qué no prepararnos para hacerle frente, si no lo hacemos siempre estará ahí, molestándonos. Yo personalmente, la única manera que conozco de hacer frente al dolor es llevando una vida espiritual más completa, si vosotros conocéis otra forma, decídmelo por favor –concluyó Elena señalando a un muchacho que quería hablar.
– Pero yo me supongo que para llevar una vida plena y estar preparados para cuando llegue el dolor, no sólo será suficiente la meditación; también será necesario tener claro una serie de preceptos morales básicos y una actitud positiva.
– Por supuesto –respondió Elena–; y no sólo una actitud positiva, sino también vigilante y alerta; cuidando tus sensaciones y respuestas, estando siempre atento a lo que ocurre a tu alrededor. Tratando de aprender el camino de en medio, o sea, evitando ser un crítico destructivo o un iluso. Huye de los extremos, no conducen a nada bueno.
» Aristóteles hace una disertación muy extendida y profunda sobre el camino de en medio, o justo medio, como él lo llama, en su libro Ética, a Nicómaco particularizándolo para cada virtud, como por ejemplo la amistad, la justicia, la gracia o la generosidad, por poner algunas. Os recomiendo que lo leáis; puede ser muy instructivo.
» La generosidad también favorece el crecimiento espiritual, por lo que se convierte en una buena razón para practicarla.
» No os dejéis desalentar nunca por los tropiezos, que serán muchos, ni por los errores propios, sacadles provecho aprendiendo de ellos. La persona que nunca se cae, nunca aprenderá a levantarse. Puede que incluso llegue un momento en que nos demos cuenta de que estamos completamente equivocados y tengamos que dar marcha atrás, cambiar de ideales, confiar en otras personas de las que antes desconfiábamos y viceversa. Esto nos desalentará y caeremos en la tentación de abandonar la lucha, pero hay que evitar la negatividad de estas experiencias, debemos aprender la lección y seguir adelante.
» Es importante también el mantener la mente abierta, libre de prejuicios; es la única forma de aprender nuevas enseñanzas que nunca se sabe por qué inesperado camino nos pueden llegar; y al mismo tiempo, también es la única forma de percatarnos de nuestros errores. Estar abiertos significa también no tener siempre la necesidad de controlarlo todo; dejad que las cosas fluyan por sí solas, no intentad evitarlas, sobretodo las desagradables. Si lo hacéis, estaréis dándole la espalda a un camino que os podría ser muy útil más adelante. Tened en cuenta que, por mucho que creáis saber, nunca lo sabréis todo y, además, siempre habrá alguien que sepa más que vosotros, por eso es tan importante el mantenerse siempre alerta y con una mente abierta.
» Otra cosa que debéis evitar a toda costa son los juicios innecesarios o gratuitos, ya sean sobre uno mismo o sobre los demás. Es muy difícil deshacerse de una opinión de la que nos hemos hecho dueños; tendemos a defenderla y para ello nos volvemos polémicos y agresivos. Voltaire dijo una vez que la opinión ha causado más problemas en el mundo que todas las plagas y terremotos juntos.
» No hacer evaluaciones gratuitas quiere decir no pensar en el bien ni en el mal. Con esto lo único que se consigue es levantar un muro entre lo que me es familiar y está aquí conmigo y lo extraño que está allí fuera contigo.
– Pero si no podemos defender nuestros ideales, ¿cómo debemos enseñar a los demás lo que pensamos? No lo entiendo –preguntó un chico.
– No, parece que no me he explicado bien –aclaró Elena–. No es lo mismo defender una idea nuestra, que hacer un juicio innecesario sobre la idea de otra persona. Al discutir con alguien tendemos siempre a tratar de imponer nuestras ideas a los demás, no somos arbitrarios; a eso me refería con lo de mantener la mente abierta. Debemos de tener un grado de autoconocimiento suficiente como para conocer nuestros propios fallos y no precipitarnos a la hora de hacer juicios.
» En muchas ocasiones vemos en los demás algunos fallos con mucha claridad, y suelen ser precisamente los fallos que menos soportamos en nosotros mismos los que hacen que se despierte nuestro lado oscuro impulsándonos a juzgarlos duramente. La persona sabia sólo se ocupa de sus propios errores, intentando rectificarlos, y no se preocupa más de lo imprescindible de las faltas de los demás.
» No se debe caer en la tentación de utilizar los preceptos morales como armas con las que atacar a los demás. Los preceptos son pautas de comportamiento que debemos utilizar con flexibilidad y cordura. Todos deseamos conseguir la perfección moral algún día, pero eso es imposible, no se puede conseguir totalmente y, menos de una vez; lo normal es que fallemos de vez en cuando, pero no tenemos por qué atormentarnos por ello ni por qué esperar castigos infernales; simplemente lo que tenemos que hacer es reconocer la falta e intentar enmendarla en un futuro para que no se vuelva a repetir.
– Por lo que usted ha dicho hasta ahora –dijo una muchacha a la que Elena dio la palabra– está claro que para llevar una vida plena y feliz es muy importante la espiritualidad, pero ¿sabría usted decir qué es lo más difícil de vencer, o el primer paso a dar, para llevar esa vida espiritual de la que nos está hablando?
– Bueno, en primer lugar quiero aclarar un poco lo que significa la palabra espiritualidad, porque estoy segura de que muchos de vosotros veréis connotaciones religiosas en esa palabra , y no tiene por qué ser así. Cuando digo espiritualidad me refiero a introspección, a autoconocimiento, a tener control sobre nosotros mismos en todo momento.
» Muchas personas diferencian el espíritu del cuerpo, piensan que cuando mueren, el espíritu o el alma sube al cielo y el cuerpo se queda aquí. Esta es una forma de pensar dualista y, por tanto, incorrecta; espíritu, alma, conciencia son la misma cosa y están en unidad con el cuerpo, son como el derecho y el envés de una misma moneda.
» En cuanto a lo que me preguntabas sobre qué es lo más difícil de vencer, es algo que no es fácil de contestar ya que cada persona es diferente, pero aún así intentaré hacerlo desde mi punto de vista personal.
» La creación más fuertemente arraigada en nuestra mente es la idea de la persona y, más concretamente, de aquella persona a la que llamamos «yo». Nuestro mundo se nos divide irremediablemente en dos, por una lado estoy «yo» y por otro, «los demás». Esta división sólo puede conducir al conflicto y al sufrimiento, ya que nuestro «yo» intentará en todo momento controlar la otra parte del mundo que corresponde a «los demás» y, al igual que una pulga enfrentándose a un elefante, está destinado al fracaso, es una empresa inútil.
» La noción del «yo» se convierte en nuestra mente en nuestro punto de referencia principal y casi único, nos apegamos a él con todas nuestras fuerzas fomentando sólo aquello que parezca interesarle y rechazando todo aquello que creamos pueda ser una amenaza, ya sea real o imaginaria. Buscamos constantemente reafirmar nuestro ego, que todos sepan que existimos y que somos valiosos.
» Los dualismos nunca han conducido a nada bueno y, en particular, éste del «yo» y «los demás» es especialmente peligroso y fuente de multitud de conflictos. Contestando a tu pregunta, lo primero que tenemos que hacer si queremos llevar una vida plena y feliz, es olvidarnos de esta forma de pensar tan estrecha, sólo así descubriremos que hay algo en nosotros mayor y más profundo, una forma de ser completamente distinta, aunque no la podamos ver ahora.
– Si la espiritualidad no tiene nada que ver con la religión, ¿qué utilidad puede tener la lectura de los libros sagrados, como la Biblia o el Corán? –preguntó otro de los alumnos.
– Yo no he dicho que no tenga nada que ver; esa es una forma de pensar también dualista. Lo que he dicho es que no tiene por qué. La lectura de estos libros es muy importante para comprender nuestra historia y nuestras raíces; no olvidaos de lo que os he dicho muchas veces, que la historia es la educadora por excelencia.
» Estos libros hay que leerlos con una mente muy abierta, apreciativa y crítica, buscando siempre su espíritu fundamental. Si sólo prestamos atención a su comprensión literal y ponemos más confianza en la letra que en el espíritu, podemos caer en el fundamentalismo. Por muy venerables que sean esas escrituras, no podemos aplicar los precedentes allí descritos literalmente a las situaciones reales de la vida. Sólo es necesario tener un poco de sentido común para saber lo que tenemos que utilizar o rechazar de estos libros; pero para eso, repito, hay que leerlos con la mente muy abierta. Si lo hacéis así os pueden resultar de mucha utilidad, pero si no, podrían ser muy peligrosos, como ya se demostró en la Tierra durante toda su historia.
» Respecto a las religiones, es interesante conocer sus textos, reglas y ceremonias, pero teniendo en cuenta que son sólo decorado, nada de eso es importante. El problema de las religiones y las filosofías es que son demasiado imaginativas, por eso tienden a debilitarse. La búsqueda espiritual es la búsqueda de la verdadera esencia de todas las religiones.
» En la base de todas ellas, tanto del cristianismo como del budismo, el islamismo, el judaísmo o el taoísmo, hay cinco grandes iniciados. Debemos conocer y comprender las raíces de estas personas ya que nos pueden ser de gran utilidad en nuestro propio camino.
» Lo bueno del Zen es que es experiencia pura, no se puede identificar con ninguna religión aunque haya surgido del budismo y, a la vez, lo que intenta, es comprender las raíces de todas ellas.
– Pero las creencias religiosas siempre han ayudado a la gente a afrontar el momento de la muerte –apuntó un muchacho–. Para muchas personas es de gran ayuda el tener fe en que después de la muerte hay algo más. Eso les da un sentido a sus vidas y, al mismo tiempo, les facilita el doloroso trance de la muerte, ya sea la propia o la de algún ser querido.
– Efectivamente, uno de los propósitos fundamentales de todas las religiones es el intentar dar una explicación a la muerte. Esto ha sido siempre así porque el hombre nunca ha sabido aceptar la materialidad de su cuerpo. Volvemos a encontrarnos con el problema de siempre: nuestro ego. ¿Cómo es posible que yo, con lo importante e inteligente que soy, pueda desaparecer algún día sin dejar rastro? Nos negamos a aceptar la realidad más evidente que nos rodea.
» Cuando una persona nace es imposible conocer absolutamente nada sobre el futuro que le espera; no sabemos si será guapo, tendrá éxito, será un desgraciado o en qué trabajará; sólo sabemos una cosa con total seguridad, y es que algún día morirá. A nadie le gusta la idea de morir y desaparecer para siempre, de ahí que, desde el principio de los tiempos, desde que el hombre empezó a tener conciencia de sí mismo, comenzó también su lucha particular para vencer a la muerte inventándose todo tipo de historias y estratagemas cada cual más inverosímil.
» Tienes razón cuando dices que a muchas personas, estas creencias les ayuda y les da sentido a sus vidas. Con esta actitud lo único que se demuestra es que preferimos vivir en una gran mentira antes que afrontar la realidad. Pero si lo piensas bien, esta forma de actuar puede tener también un doble sentido muy peligroso. Si la vida que me espera después de la muerte es mejor que ésta, ¿por qué esperar? Esta ideología fue utilizada por muchos religiosos fundamentalistas, del Islam sobre todo, a finales del siglo XX y durante la primera mitad del XXI para llevar a cabo su particular guerra contra occidente.
» Como sabéis, la inmolación de musulmanes contra judíos y cristianos, puso a todo el mundo civilizado en jaque durante casi sesenta años, desembocando en una gran guerra entre ambas culturas. Les hacían creer que si morían por la causa, sus almas irían a un supuesto paraíso donde vivirían eternamente rodeados de toda clase de lujos. Ese es el doble sentido tan peligroso al que me refiero.
– Hace poco leí un libro –interrumpió una muchacha– sobre una secta islamista donde sus seguidores eran engañados muy hábilmente por su líder para que se suicidasen cuando éste se lo ordenase. El título de este libro es Alamut, que era el nombre de la fortaleza donde residían.
– Sí, yo también lo he leído –continuó la profesora–. Es un libro muy interesante, lo escribió Vladimir Bartol; pero no creas que es ficción, está basado en hechos reales. La secta de la que habla existió en realidad sobre el siglo XI; fue un grupo chiíta que luchó durante varios siglos contra los turcos y el gobierno suní de Bagdad de aquella época y, efectivamente, utilizaban la inmolación de sus integrantes para realizar asesinatos selectivos entre sus adversarios; se puede decir que fueron los primeros en utilizar estos medios para sembrar el terror entre sus enemigos, de hecho, la palabra asesino proviene del nombre que le daban a la secta, que traducido al cristiano, sólo quiere decir “consumidores de hachís” que, por lo que se ve, era una droga a la que eran todos adictos.
» Lo que jamás podría haber imaginado su autor es que unos sesenta años después de escribirlo, volvería a ponerse de moda este tipo de amenaza entre los musulmanes, y sin la necesidad de utilizar ninguna droga para engañarlos, como hacían en el libro, sino simplemente utilizando su fe en la palabra. Algún día hablaremos de la obra de Vladimir Bartol, podemos aprender mucho de sus libros.
» Pero dejadme que continúe con lo que estábamos hablando, me interesa que quede bien clara mi postura. El hombre es el único animal consciente de sí mismo y, por tanto, también consciente de su final; y es esta consciencia unida a nuestro egoísmo natural lo que nos hace desear transcender sobre las demás criaturas del Universo; y yo me pregunto, si nuestra alma sube al cielo al morir, ¿por qué no pueden ir también las de los elefantes, o las hormigas, o las gaviotas, etcétera? O incluso la de las plantas, que también son seres vivos. Nadie se plantea eso porque pensamos sólo en nosotros mismos.
» En este aspecto, el budismo también se diferencia del resto de las religiones. Si os fijáis, ningún texto budista hace referencia al más allá. Para ellos lo único importante es el «aquí y ahora». Nadie ha vuelto después de morir para explicarnos donde ha ido, por tanto, no se puede decir nada, es un problema metafísico, y todos sabemos que estos problemas no pueden ser resueltos, no se pueden afirmar ni negar. Nos podemos llevar toda la vida elucubrando sobre lo que ocurrirá después de la muerte, pero nunca llegaremos a una conclusión, por lo tanto, para qué perder el tiempo.
» El maestro Dogen dijo una vez: “la leña no puede ver las cenizas, las cenizas no pueden ver a la leña”. ¿Qué quiere decir esto? La leña representa a la vida y las cenizas a la muerte. A nadie se le ocurre decir que la ceniza es madera muerta o que la madera es ceniza viva; la ceniza es ceniza y la madera es madera, y no hay más.
» Imaginaos que existe un paraíso donde irá nuestra alma cuando muramos. Cuando estemos allí, nos seguiríamos preguntando ¿y ahora qué?, ¿qué sentido tiene esto?, ¿habrá algo después del paraíso? El sentido de tu vida está aquí y ahora, mañana estará en otro lugar y en otro momento. No merece la pena preocuparse por ello.
» La filosofía budista lo que enseña es a aceptar la muerte inconscientemente; si lo hacéis, tanto vuestro cuerpo como vuestro espíritu, encontrarán serenidad hasta el último momento de vuestras vidas.
» Para terminar con este tema, os contaré algo que le sucedió al Buda y que resume sus enseñanzas sobre la muerte:
» Al Buda se le acercó una vez una mujer medio enloquecida de dolor por la muerte de su hijo recién nacido. Puso al niño a los pies del Buda y le imploró que le devolviese la vida. Después de escuchar pacientemente, el Buda le dijo que fuese a la ciudad y le trajese un grano de mostaza de una casa en donde no hubiese habido ninguna muerte. La mujer recorrió la ciudad entera llena de esperanza llamando a todas las puertas, pero no encontró ni una sola casa donde la muerte no hubiera estado. Entonces comprendió que la muerte llega para todos y lo único que se puede hacer es aceptarla, así que, finalmente, ella aceptó la suerte de su hijo.
Elena señaló a una chica del fondo que tenía la mano levantada.
– ¿Y qué pasa con la muerte de Jesucristo? Significa mucho para los cristianos. Yo creo que le dan demasiada importancia.
– A Cristo lo mataron por oponerse al gobierno de su época. Esto es lo que debe hacer toda persona verdaderamente religiosa, oponerse a las injusticias y a todo lo que suponga una mala práctica. Su crucifixión sirvió para que se desarrollara el cristianismo, al menos como lo conocemos hoy; fue el motor que impulsó a los apóstoles a difundir y organizar sus enseñanzas.
» La compasión hacia Jesús por la muerte tan cruel que tuvo impulsó el nacimiento de esta religión. Él eligió el camino del sacrificio; también a Mahoma intentaron matarlo sus paisanos por oponerse a las ideas de la época; pero éste eligió huir y luchar más tarde contra aquellos que se oponían a sus enseñanzas.
» Todas las religiones tuvieron comienzos difíciles, corresponde a cada uno de nosotros personalmente el comprender su mensaje, por eso insisto tanto en la lectura de los libros sagrados de cada una de ellas con una mente abierta, libre de prejuicios.
» El problema que hubo en la Tierra con las religiones es que siempre se aceptaron por tradición, y eso está bien cuando uno es un niño que aún no tiene la madurez ni el sentido común suficientemente desarrollados para pensar por sí mismo; entonces la religión puede servir para inculcarles una serie de valores morales y preceptos que lo ayuden a diferenciar lo que está bien de lo que está mal.
» Pero cuando una persona adulta, en vez de utilizar su sentido común, sigue guiándose por dogmas y rígidas doctrinas, corre el peligro de caer en el fundamentalismo y de ser utilizado por otras personas más inteligentes para sus fines propios. Ese es el peligro de las religiones y la causa de tantos conflicto a lo largo de la historia de la Tierra.
– Tampoco se le puede echar la culpa de todo a la religión –exclamó un muchacho desde el fondo del aula–. La prueba está en que a finales del siglo XXI, después de conseguirse la paz entre musulmanes, cristianos y judíos, en el mundo civilizado apenas tuvo influencia ninguna religión y, sin embargo, por las imágenes que tenemos, parece una sociedad muy decadente y vacía, con mucha violencia y problemas mentales en la mayoría de la población.
– Y me temo que así era –continuó Elena–; lo que demuestra que los problemas no sólo vienen por un único frente, sino por varios. Efectivamente, la disminución de las creencias religiosas trajo consigo otro problema muy grave: la pérdida de valores morales.
» Progresivamente, a lo largo del siglo XXI, se fue eliminando la educación religiosa en los niños, no sólo en las escuelas sino, lo que es más grave, también en el seno de las familias, y ésta no se sustituyó por ninguna otra que le hiciera comprender a un niño pequeño la importancia de valores como la justicia, la igualdad, la compasión, el respeto a los demás, el esfuerzo, etcétera. ¿Qué ocurrió? Pues lo normal cuando un niño crece en una sociedad donde lo que predomina es la envidia, la violencia, el éxito a cualquier precio y de la forma más sencilla y rápida posible. Las consecuencias de todo eso ya habéis visto cuales son, un mundo en el que todos eran esclavos de alguien o de algo, donde nadie tenía la libertad de decidir por sí mismo lo que hacer con su vida.
– Pero para poder subsistir en la sociedad era necesario trabajar en algo o para alguien –intervino un alumno–. Y de esa forma siempre eres esclavo de ese algo o alguien. ¿Cómo poder escapar a eso sin morirse de hambre?
– Yo sólo conozco una forma; aprender a experimentar el trabajo como un medio para la salvación personal o, lo que es lo mismo, para la liberación de las nociones engañosas a las que nos tiene atado nuestro ego.
» El trabajo puede servirnos de vehículo para la auto-realización, no sólo debemos verlo como un medio de producción o para ofrecer un servicio de utilidad para la sociedad; si queremos, podemos hacer que nuestro trabajo tenga una finalidad mucho más profunda.
» Para ello deben de poner de su parte tanto empresarios como empleados. Los primeros deben adaptar el trabajo a las necesidades humanas de sus trabajadores en vez de hacer que estos se ajusten a las demandas de las máquinas. Deben procurar que en el trabajo participen sus corazones y mentes y no sólo sus miembros, de esta forma el trabajo será más gratificante y no sólo un medio para ganar dinero con el que comprar más cosas materiales.
» El trabajador, por su parte, debe entregarse plenamente al trabajo, pero sin ataduras. Debemos evitar hacer una separación mental entre uno mismo y el trabajo juzgándolo aburrido o ameno; para ello debemos concentrarnos en lo que estamos haciendo y eliminar todos los pensamientos desperdigados e inútiles, que son tan perjudiciales para la mente, como lo es la contaminación ambiental para el cuerpo.
» Si conseguimos esto, estaremos trabajando para nosotros mismos. Esta es la verdadera nobleza del trabajo.
Elena le dio la palabra a una chica que llevaba bastante tiempo con la mano en alto.
– Usted nos ha hablado mucho de la meditación y de cómo ésta puede ayudarnos a liberarnos de las ataduras del yo; pero no nos ha enseñado todavía cómo meditar.
– Bueno –comenzó diciendo Elena–, enseñar a meditar con palabras no es fácil, ya que existen muchos métodos y cada persona debe de encontrar el suyo propio. La única forma de hacerlo es experimentando, y con constancia y paciencia. En la biblioteca encontraréis muchos libros que explican diferentes métodos, aunque todos tienen en común tres aspectos fundamentales: la postura, la respiración y la actitud. Los tres son igualmente importantes.
» La postura no tiene por qué ser cómoda, pero sí es fundamental que sea una postura de equilibrio donde la espalda esté completamente recta y podamos relajar todo nuestro cuerpo pero sin dejarlo flácido.
» Con la practica, comprobaréis como las ideas huyen de vuestra mente y la tranquilidad y sabiduría llegan inconscientemente a través del cuerpo y la respiración. Pero esto requiere tiempo y dedicación. Cuando os sintáis desilusionados, recordad esta pequeña historia:
» Un hombre estaba en la playa con su hija, cuando le pidió a ésta que comprobara cómo estaba el agua. La hija se fue para la orilla y regresó a los pocos segundos diciendo que el agua estaba fría.
» – ¿Cómo lo has averiguado? –preguntó el padre.
» – He metido un pie –le contestó su hija.
» Entonces el padre se levantó, cogió a su hija en brazos y la tiró al agua. Cuando a la niña se le pasó la impresión, empezó a reírse por la broma que le había gastado su padre. Éste volvió a preguntarle: “¿Cómo está el agua?. “Está muy buena, papa”, respondió la hija.
» – No lo olvides –le dijo el padre–, a partir de ahora, cada vez que quieras probar algo, no te limites a meter sólo el pie, zambúllete en ello.
» Bien chicos –continuó la profesora–, ya nos hemos pasado bastante la hora, así que lo tendremos que dejar. Espero haberos dado motivo suficiente para pensar.
» Por cierto, olvidaba deciros que un día de estos se celebrará la votación para saber quiénes desean bajar al planeta. Pensad bien los pros y los contras antes de tomar una decisión.

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