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Capítulo XXI

Era bien entrada la mañana cuando el capitán Jorel y el ingeniero jefe Pet se reunieron con el consejo de ancianos. Había llegado la hora de tomar una decisión y había división de opiniones entre el equipo de ingenieros y el capitán, así que una vez más sería el consejo el que determinara el siguiente paso.

– Buenos días, señores –empezó hablando el capitán–. Siento mucho haberles convocado tan tarde, pero algunos no podían esperar ni un solo día más para tomar esta decisión; yo personalmente hubiera esperado hasta mañana para...
– Vamos capitán –le interrumpió Julia desesperada–, ya sabes que no tenemos otra cosa que hacer, qué más da cuando nos reunamos. Si hay algo importante que tratar, cuanto antes lo hagamos, mejor. Déjate de rodeos y ve al grano, por favor.
– Esta bien, lo siento –continuó Jorel–. La cuestión es que hemos dado por concluida la investigación de esta cara del planeta y, aparte del poblado que ya conocemos, no se ha descubierto nada más que pueda ser de interés. Aparte, también consideramos que tenemos suficientes datos sobre esa gente; así que ahora se plantea la siguiente duda:
» Parte del equipo cree que ya es hora de preparar la primera expedición a ese planeta, y otros, en los que me incluyo yo, creemos que antes deberíamos de investigar la otra cara del planeta igual que hemos hecho con ésta.
– Se pueden hacer las dos cosas al mismo tiempo –intervino Pet–. Lo que nosotros planteamos es que se empiece a rastrear la otra cara del planeta, como dice el capitán, pero que al mismo tiempo se vayan haciendo los preparativos de la expedición.
» Al fin y al cabo sabemos que ésta se hará tarde o temprano; por qué demorarla más si podemos ganar tiempo. No estamos diciendo que vayamos a bajar mañana, pero hay muchas cosas que hacer antes y eso es lo que queremos, que se vayan haciendo ya. Por ejemplo, hay que decidir quiénes bajarán, cómo lo harán, en qué lugar, etcétera.
– Comprendo lo que dices Pet –habló Julia–, y en principio me parece bastante razonable. ¿Qué inconveniente habría para ello, capitán?
– Bueno, no es que haya inconveniente ninguno, sólo que tendría que dedicar parte del equipo exclusivamente a esa tarea y ahora mismo me parece más oportuno tenerlos a todos dedicados a la exploración de la otra cara del planeta. Pienso que es más importante terminar de conocer ese planeta por completo; ya tendremos tiempo después para dedicarnos todos a preparar las expediciones.
– ¿Cuánto tiempo calcula que se tardará en concluir la investigación? –preguntó Julia.
– Unos dos meses más con los cinco telescopios a pleno rendimiento –contestó el capitán.
– ¿Y por qué no hacemos una cosa? –intervino otro de los ancianos–. Estoy seguro de que a los miembros del equipo que estén ansiosos por bajar no les importará dedicar parte de su tiempo libre a preparar la expedición. Podrían reunirse por la tarde durante un par de horas, o lo que ellos estimasen conveniente, y organizarlo todo. Saben que pueden contar también con nosotros cuando quieran, a mí no me importaría en absoluto colaborar con ellos.
– Y bien Pet, ¿qué opinas? –preguntó Julia ante el apoyo masivo del consejo a la idea.
– Me parece bien –respondió éste–. Yo mismo puedo coordinar al equipo; estoy seguro de que habrá muchos voluntarios.
– Yo también estoy de acuerdo –dijo el capitán poco convencido–. Como capitán me veo obligado a formar parte también de ese equipo. Podemos empezar mañana mismo si quieres.
– Bien, me alegro de que hayamos llegado a un acuerdo –continuo Julia–. Si no hay ninguna pregunta más...
– Un momento –interrumpió otro de los miembros del consejo–; hay algo que me preocupa. Viendo el grado de desarrollo de los habitantes del planeta, no me parece lógico que no se hayan extendido a otros lugares. Normalmente las especies dominantes tienden a colonizar la mayor parte del terreno posible, sin embargo éstos sólo se concentran en esa selva; ¿cómo es posible?
– Sí, nosotros también lo habíamos observado –respondió Pet–. La conclusión a la que hemos llegado es que, si observan bien, se encuentran en un hábitat prácticamente aislado. Por un lado están rodeados de una cordillera inmensa, con picos de más de ocho mil metros y bastante escarpados, y por el otro lado tienen un vasto océano de miles de kilómetros hasta la tierra más próxima. En definitiva, no hay forma de salir de ahí.
– Ni de entrar –puntualizó la misma mujer–. Es posible que tengas razón, pero sigue siendo extraño que no se hayan desarrollado en otras regiones del planeta.

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